La relación con mi madre ha sido una de las más difíciles, retadoras, hermosas y a la vez, la más significativa que he tenido, esta relación ha sido el pilar sobre el que he construido el resto de mis relaciones.

Recuerdo que cuando estaba peqMATERNIDAD8ueña veía a mi mama pintarse los labios de rojo y pensaba que quería ser como ella, la veía llenar cualquier espacio al que llegaba con su enrome sonrisa, para mí, era (y sigue siendo) la mujer más dulce, femenina y delicada que existe. Sabia como moverse por la vida, yo la veía fluir y hasta volar, Ella representaba mi mundo.

El tiempo paso, los conflictos y diferencias empezaron a aparecer y hubo momentos que la vi como una completa desconocida, sentía que no teníamos ninguna conexión. El tiempo siguió pasando hasta que entendí que mi mamá también tenía sus propias heridas de infancia, su propia historia que sanar y esto la condicionaba en su papel de madre, entendí que no podía ofrecerme aquello que ella no tuvo, entendí que era mujer, que era un ser humano lleno de cualidades pero también de defectos, y lo más importante, entendí que no se las sabia todas (y no tenía por qué), que al igual que todos en este planeta, estaba aprendiendo y haciendo lo mejor que podía con lo que conocía y sabia.

Y entonces algo pasó, me sentí libre, entender esto me hizo perdonarla y aceptarla. Libre porque perdonarla hace parte de aceptarme tal y como soy, es reconocer mi linaje, mi historia, mi huella en este plano.

No soy mama pero sé que son las únicas que se quitan el pan de la boca por los hijos, hace mucho que no vivo con la mía, creo que por eso la valoro más, la he perdonado para poder perdonarme. Ahora somos amigas y agradezco enormemente todo lo que me enseño y me sigue enseñando, acepto el legado que me da porque es el que me corresponde.

Si sientes que necesitas sanar la relación con tu mama, te recomiendo que le escribas una carta (no tienes que dársela, la quemas después), pidiéndole perdón por no reconocerla, por hablarle mal, por haber sido cruel, y al mismo tiempo perdonándote a ti misma pues no te las sabes todas y no eras muy consciente de lo que hacías/decías/pensabas. Escríbela con el corazón y con plena conciencia, luego la quemas y dejas que el fuego se lo lleve todo.

Siente como ese vínculo te empodera como mujer, honrarla y aceptarla, hace parte de tu proceso curativo.

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Paz,

Jenny

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