11666180_804105429687766_2400385775355725286_nNo hay sensación más placentera para mí, que la libertad de saber que soy la causa y no el efecto de mi vida, sentir que no voy en piloto automático, sentirme la protagonista de mi propio guion.

Esto se logra cuando nos detenemos a observar, pero a observar con atención nuestra vida, es ahí cuando nos damos cuenta si nuestros días son como los imaginamos, si estamos obteniendo el bienestar que habíamos esperado, si hemos sido fieles y leales a nosotras mismas, o si por el contrario nos hemos dedicado a escuchar más a las voces de afuera que nos están diciendo todo el tiempo como deberíamos ser, como deberíamos comportarnos, que es lo adecuado para cada momento de nuestra vida, que deberíamos sentir, pensar y como deberíamos reaccionar.

Hace un tiempo me hice la promesa de acallar esas voces externas y dedicarme a escuchar sin soberbia a mi corazón, dedicarme a seguir mi intuición que es la verdad más profunda que tenemos todas, es la luz hacia la verdadera felicidad, esa que es duradera, de largo plazo, no la momentánea que desaparece cuando se da gusto a un simple placer.

Entonces empecé a preguntarme cómo saber si estaba con la persona adecuada y resulta que me di cuenta que si no estaba segura que mi pareja era para mí era porque estaba viviendo mucho tiempo en mi cabeza y no estaba escuchando a mi verdad. Y es que el amor que estamos acostumbradas a ver no es realmente amor, más bien viene del miedo a dejar ir, a soltar el control que las cosas no salgan como lo planeamos. Entonces estaba malinterpretando el miedo por amor.

Y es que el amor no desea ser dueño de nadie, solo necesita alguien para compartir. El verdadero amor no es posesión y requiere movimiento, expresa diversidad y alegría. El amor no es un planeta donde vivimos exclusivamente con y para el otro, es tan importante como otros aspectos de la vida, pero es sólo eso, un aspecto más de nuestras vidas. El otro día leí algo que me quedo sonando y es que una pareja no es (solamente) un amigo, un amante, un compañero de viaje, un cocinero, un confidente, un partner para la fiesta, no podemos pretender que una sola persona se ocupe de todas nuestras necesidades, no solo porque es egoísta sino agotador.

En una relación cada persona debe tener la libertad de perseguir sus propios intereses, sean los que sean. Delegar la carga de nuestra propia felicidad en el otro es una gran irresponsabilidad, nuestro bienestar lo construimos primero haciéndonos responsables de lo que deseamos.

No todos pensamos ni sentimos igual, no todos somos el uno para el otro y menos cuando es la mente la que decide. He descubierto que nuestra vida mejora cuando aprendemos a tomar decisiones, y la primera y más difícil es ser honestos con nosotros mismos.

Cuando vives de acuerdo a tu verdad, te vuelves feliz en circunstancias que nunca pensaste que podrías serlo y esto es la belleza de vivir con impecabilidad.

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