11535891_802609119837397_2173383114670776890_nHace poco les hable del amor romántico, o inconsciente, ese que tiene poco que ver con el amor verdadero y que es más una idealización, un apego o una simple y pura necesidad del otro. Esta concepción romántica del amor genera confusión y en mi opinión, es la causa de muchos conflictos en las relaciones personales (pareja, amigos, familia, etc.) convirtiéndonos en víctimas de nuestras propias fantasías.

Esto no significa que no debamos ser cariñosas, detallistas, tiernas, atentas, cálidas, suaves, entregadas y femeninas con las personas con las que nos relacionamos. Quiere decir que únicamente siendo conscientes de en qué hemos convertido las relaciones, podremos construirlas sanas y conscientes, liberando esas ideas preconcebidas del amor que tenemos todas. Al seguir buscando a esa persona que cumpla nuestras expectativas y nos haga felices, es como si renunciáramos a ser dichosas por nosotras mismas, y en su lugar pusiéramos en manos ajenas las riendas y el poder de nuestro bienestar.

En otras palabras, hay que dejar de buscar y más bien convertirse en la clase de persona que se busca, y que mejor que hacerlo en este momento de luna azul que nos invita a descender a nuestras sombras y miedos para transformarlos en luz, para RENACER.

Es un momento que nos invita a honrar nuestro femenino en todas sus expresiones y arquetipos: nuestra palabra, nuestra intuición, nuestra sexualidad, nuestras relaciones, nuestra prosperidad, nuestro linaje, nuestra sanación, nuestro cuerpo, nuestra alegría, nuestra verdad, nuestros proyectos, nuestros verdaderos sueños y sobretodo el enamoramiento con nosotras mismas.

Es un momento que nos invita también a pensar de qué cadenas nos hemos liberado, cuál ha sido nuestra revolución personal, nos invita a revaluar todo eso que amamos o creemos amar, pero sobretodo, nos invita a conectar desde el corazón, a mirar sin ego la manera que abordamos nuestros amores y lo que nos da alegría en la vida.

La vida es muy corta, de verdad es demasiado corta, no importa si morimos mañana o en 40 años, siempre van a quedar cosas que hubiéramos querido hacer, decir o sentir. Así que las invito a que nos demos permiso de desnudarnos y reconocernos en una nueva piel, imaginarnos la nueva mujer que quiere nacer sin miedo a la soledad porque la soledad no es buena ni es mala, es lo que cada uno hace con ella.

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