Hace un par de días mi hermano compartió un artículo que trataba acerca del Kintsugi una práctica japonesa que habla sobre reparar las cerámicas rotas con resina de oro y afirma que las fracturas y posteriores arreglos son parte de la historia de un objeto, por lo tanto en vez de ocultarse deben mostrarse porque hace parte del embellecimiento y transformación del mismo.

No pude dejar de pensar precisamente en que esta maravillosa metáfora es perfectamente aplicable a nosotros mismos como seres humanos; quienes siempre estamos en una constante lucha por tapar nuestras heridas por pretender que hemos de salir intactos de la batalla, cuando precisamente la vida nos está puliendo constantemente con cada fisura y nos muestra un mar de posibilidades nuevas al permitirnos repararnos con nuestro propio poder interior.

“La herida es el Lugar por donde entra la Luz”, Rumi; una extraña afirmación pero tan verídica que nos abre los ojos a la comprensión de que las cosas como los seres humanos nacemos de la nada y vamos hacia la nada; lo que importa realmente es la manera en que forjamos nuestra historia; un relato lleno de lesiones y cambios constantes que pulen el alma para mostrarnos el camino hacia la reconstrucción. El arte paralelo a Kintsugi podría llamarse para nosotros La Resilencia: La capacidad humana de hacer frente a las adversidades y transformar el dolor en una fuerza motora que nos lleve a la superación.  Entonces, siendo resilentes apreciamos la hermosura de nuestras cicatrices y valoramos el poder de lograr transmutar nuestros fracasos en pequeñas pinceladas que nos ayudan a construir nuestro destino y ser arquitectos de nuestra felicidad.

Para lograr esta valiosa reparación de nuestras cicatrices solo debemos aprender a: Auto conocernos, ser conscientes de nuestros puntos fuertes; Descubrir habilidades propias que destaquen ante una situación difícil; Potenciar hábitos saludables que ayuden a reforzar el cuerpo y el alma; Aprender a escuchar a otras personas que ofrecen ayuda si es necesaria; Fomentar el autoestima; tener una actitud positiva de la vida; y ser compasivo con uno mismo y con los demás.

Reparar nuestras heridas no significa que nuestras cicatrices desaparecerán pero amarlas y mostrarlas harán que comprendamos su belleza y la magnificencia de nuestra propia historia.

El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos. Ernest Hemingway

Angela Sarmiento

 

 

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